Doña María tras adquirir audífono: "Porque es terrible la sordera, no se lo doy a nadie"

María Contreras (64) es una vecina de Quilpué, dueña de casa y usuaria ya dada de alta del Centro Auditivo de Valparaíso del IRV. Su historia en torno a la audición no ha sido sencilla, pues hace 8 años aproximadamente tuvo una complicación de salud que marcó un antes y un después: "Se me reventó el oído izquierdo, por un alza de presión. Me salió materia e incluso me tuvieron que hacer lavado, quedé escuchando, pero muy bajito, la mitad. Después, me vino otra cuestión, un zumbido en la cabeza, como una explosión, y ahí seguí escuchando mal por el oído izquierdo".

El diagnóstico fonoaudiológico de doña María al llegar al IRV fue Hipoacusia bilateral de grado moderado. Por lo menos, asegura, "En el oído derecho escucho bien. Menos mal, gracias a Dios, tengo un oído para escuchar, pero no era suficiente. Yo sufro de la presión alta".


Se trató de una afección que llegó sin previo aviso un día que estaba fuera de su casa: "Yo estaba haciendo unos trámites cuando de repente me sentí como con un mareo y como que me empezó a doler la cabeza. Igual que una bombita, pero chica. Ahí no pude seguir escuchando. Después llegué a la casa y me empezó a salir líquido del oído".


No podía escuchar bien cómo correspondía. Era una cosa que de repente me ponía a llorar, decía ´¿por qué me pasa esto?´. Porque es terrible la sordera, no se lo doy a nadie.

Doña María le atribuye la salida de líquido desde su oído debido a que cuando tenía 4 años de edad casi se ahoga en un estero, siendo rescatada por su madre. Ella piensa que desde esa vez quizá le quedó agua dentro, pues nunca se atendió con un médico; "En ese tiempo no había posta, la Cruz Roja era demasiado lejos, los hospitales igual", cuenta, y agrega que el olor que hubo cuando salió expulsada el agua era "tan malo, tan desagradable".


De todas formas, lo cierto es que sus problemas de presión tuvieron sus consecuencias: "No sé si me habrá quedado líquido de esa vez, no tengo idea. Igual estaba el tema de la presión, de repente me venían bochornos y me venían cuestiones pesadas. Quedé así", termina por relatar.


"NO PODÍA ESTAR A GRITOS, PORQUE ES VERGONZOSO"


Doña María comenzó a utilizar su audífono para sordera hace 4 años aproximadamente, sin embargo, al año tenerlo se le perdió "y nunca más pude encontrarlo. En la casa no lo pillé. No sé, a lo mejor me quedó mal puesto", recuerda.


Así y todo siguió con su vida adelante, a costa de no escuchar correctamente y tener complicaciones para comunicarse tanto en su hogar como en asuntos de trámites: "Cuando me hablaban yo no escuchaba bien. En la casa, y de repente, me pasaba afuera también. Me resultaba difícil hacer trámites y cosas así, porque yo tenía que pedirle a mi hijo que me acompañara. No podía sola. No podía estar a gritos, porque es vergonzoso".


Que se hagan el tratamiento que les va a cambiar la vida. Gracias a ustedes, a los que me ayudaron me siento inmensamente agradecida.

Como se ha abordado en otras notas, la pérdida de audición es una condición que sostenida en el tiempo suele acarrear fuertes implicancias psicológicas. Este es un tema fundamental de tomar consciencia para que nos comprometamos con nuestra salud y la de nuestros seres queridos. No se trata de un juego, ni mucho menos de que la persona que tiene hipoacusia no quiera respondernos o conversar porque nos está bromeando o molestando. Es un tema serio.


Doña María no estuvo exenta de esto y se sentía mal por no poder escuchar "muy mal" recalca, agregando que "No podía escuchar bien cómo correspondía. Era una cosa que de repente me ponía a llorar, decía ´¿por qué me pasa esto?´. Porque es terrible la sordera, no se lo doy a nadie".


"SE ME HA ESTABILIZADO EL SISTEMA DE VIDA"


Hoy Doña María ha vuelto a escuchar gracias a la terapia fonoaudiológica del Centro Auditivo IRV Valparaíso. Ya lleva un año con su audífono para sordera IRV y dice sentirse feliz "contenta y por eso les di las gracias ayer, porque, por lo menos, se me abrió una puerta ahí. Un oído más", expresa.


Ahora puede percibir bien todo, "como que me ha cambiado un poquito, me ha ido normalizando un poco. Ya no me gritan y no me retan cómo me retaban antes". Al mismo tiempo, su adaptación al audífono no fue complicada: "Empecé a escuchar bien y sabe que me adapté ligerito a escuchar mejor y no estar poniendo la música a todo chancho, bajita así nomás. Se me ha ido estabilizando el sistema de vida".