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Inclusión laboral de PcD Mental-Psíquica

Cuando pensamos en la discapacidad solemos imaginar lo evidente, lo que es visible, por ejemplo, una Persona con Discapacidad (PcD) física que utiliza una silla de ruedas, o una PcD auditiva que se comunica con lengua de señas. Sin embargo, existen más tipos de discapacidades que no se traducen necesariamente en apariencias observables a simple vista.


Existen las discapacidades físicas, sensoriales y mentales, dentro de las primeras encontraremos la denominada física propiamente tal, que tiene que ver con una alteración al aparato motor, y la discapacidad física-visceral que tienen relación con una deficiencia en la función de órganos internos.


Por otra parte, dentro de las sensoriales encontraremos la auditiva que es la dificultad o imposibilidad de usar el sentido del oído, y la visual que tiene que ver con la limitación parcial o total de esta función. Por último, encontramos las discapacidades mentales, que consideran tanto la discapacidad intelectual, como la discapacidad psíquica. En esta última nos centraremos, ya que es un tipo de discapacidad que suele cargar muchos estigmas y prejuicios en la vida cotidiana, y el entorno laboral no será una excepción.


La Organización Panamericana de la Salud (2019) refiere que los problemas de salud mental son la principal causa de discapacidad en el mundo, algunos de los diagnósticos más comunes son la depresión, trastornos de ansiedad y demencia.

Fuente: www.pago.org/es


Pero ¿qué es la discapacidad psíquica? Esta corresponde a alteraciones de la salud mental que pueden provocar diversas circunstancias en las que el individuo tiene dificultad para controlarse solo en ciertos momentos de su vida, y por ello puede necesitar tratamiento y seguimiento de un profesional, para poder normalizar su situación y recuperar sus capacidades. Un trastorno o alteración mental no tiene por qué mermar la capacidad intelectual o el grado de cociente intelectual de la persona (Fundación Caser).


Esto se refleja en que la conducta puede verse perturbada, así como también su percepción del entorno o personas que les rodean, provocando una mayor dificultad para su adaptación en la sociedad, sin embargo, llevando un tratamiento farmacológico y/o psicológico adecuado, la mayoría de las personas con discapacidad psíquica pueden desarrollar su vida cotidiana con normalidad.

En general las personas con una u otra discapacidad deben sortear barreras para poder desempeñarse en sus actividades diarias, tanto físicas como sociales o culturales. En el caso de la discapacidad psíquica existe un estigma y prejuicios arraigados en la sociedad que son la mayor limitación para su participación. Se suele creer que las personas con esquizofrenia o trastorno bipolar son violentas o que pueden reaccionar de forma agresiva repentinamente, también se tiende a creer que a todas las personas con discapacidad psíquica les costará relacionarse con otros; son muchos los mitos que han surgido en torno a este tipo de diagnósticos, sin embargo, no son ciertos; cuando una persona con una patología psiquiátrica mantiene sus controles médicos y/o psicológicos al día y posee una adherencia a su tratamiento farmacológico, es poco probable que aparezcan crisis, de hecho pueden pasar más de 10 años sin presentar episodios de desregulación.


EN LA PRÁCTICA: LA INCLUSIÓN LABORAL DE PcD Mental-Psíquica


En cuanto a nuestra labor en el área de inclusión laboral, hemos tenido varios procesos exitosos con usuarios con discapacidad psíquica. Lo primordial es llevar a cabo la sensibilización con el equipo de trabajo y jefaturas de la empresa, ya que, a través de esa instancia podemos aclarar dudas, eliminar estigmas y además entregar estrategias y adaptaciones necesarias para que la inclusión pueda llevarse a cabo sin dificultades.


Las personas suelen creer que los usuarios con discapacidad psíquica tienen conductas erráticas, que pueden reaccionar de mala manera frente a situaciones de estrés o incluso tienen cierto miedo a crisis que puedan tener durante el desempeño de sus labores; lo primero es dejar en claro que cuando una persona con una patología psiquiátrica está compensada y sigue su tratamiento, no debería haber dificultades en ese ámbito.


Otro punto importante a abordar tiene que ver con cómo relacionarse con ellos, lo primordial es nunca olvidar que todos somos personas y claramente tenemos características diferentes tengamos o no una discapacidad, en ocasiones debemos explicar que los medicamentos pueden tener algunos efectos secundarios como somnolencia o que su forma de hablar sea un poco más monótona, sin embargo, haciendo esos alcances se evitan dificultades que podrían surgir por desconocimiento.


En este sentido, es importante explicar que, así como una PcD física puede necesitar una adaptación de mobiliario en términos de accesibilidad, o como una PcD visual puede ameritar ciertas ayudas técnicas, las PcD psíquica también pueden requerir adaptaciones como pequeños descansos entre la jornada laboral, o la entrega de tareas de forma parcelada; nunca una adaptación será un privilegio o representará favoritismo, sino que son ajustes necesarios para que todos puedan desempeñarse de la mejor manera en el entorno laboral en igualdad de condiciones, teniendo en cuenta las dificultades que podrían estar asociadas a su discapacidad.


Por último, lo más importante es tener en cuenta que un diagnóstico o discapacidad no define a la persona, todos tenemos talento para desempeñarnos en distintos puestos laborales, por lo que nunca está demás brindar la oportunidad para que alguien pueda demostrar sus habilidades en el mundo laboral.

 

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