¿Por qué escuchamos mejor algunas voces que otras?
- Bastián Castillo

- hace 1 hora
- 3 min de lectura
A menudo pensamos que escuchar es un trabajo exclusivo de nuestros oídos, pero la realidad es que ellos solo captan los sonidos. Quien realmente los procesa es el cerebro.
Cuando conversamos, nuestro cerebro realiza un gran esfuerzo para recibir los sonidos, organizarlos, darles sentido y convertirlos en palabras. En ese proceso, existen varios factores que hacen que algunas voces sean más fáciles de percibir que otras.
1. El tono de la voz: ¿agudo o grave?
Con el paso de los años, es natural que nuestros oídos comiencen a perder cierta sensibilidad para captar sonidos. Los primeros que suelen verse afectados son los tonos más agudos.
Las voces de las mujeres y los niños suelen tener frecuencias más altas, por lo que en ocasiones pueden resultar más difíciles de comprender para las personas con pérdida auditiva. En cambio, las voces de los hombres adultos suelen ser más graves y se sitúan en frecuencias que, generalmente, continúan percibiéndose con mayor facilidad.
2. La claridad y la articulación
Muchas veces, cuando decimos: "No te escucho", la otra persona comienza a hablar más fuerte o incluso a gritar. Sin embargo, eso puede resultar más molesto que útil.
Esto ocurre porque el problema rara vez está relacionado únicamente con el volumen, sino con la claridad del habla. Consonantes como la S, la F, la T o la P aportan definición y precisión a las palabras, pero corresponden a sonidos suaves y de frecuencias más altas.
Si la persona que nos habla no articula bien estos sonidos o habla demasiado rápido, nuestro cerebro pierde información clave para reconstruir correctamente las palabras. Como consecuencia, podemos interpretar erróneamente el mensaje o cambiar el sentido de la conversación.
3. La familiaridad: el cerebro completa lo que ya conoce
Cuando conocemos bien a una persona, nuestro cerebro se familiariza con su ritmo al hablar, su acento y el vocabulario que utiliza habitualmente.
En cierto modo, el cerebro funciona como una máquina predictiva. Si no logramos captar una sílaba debido al ruido ambiental, nuestra mente utiliza esa información previa para completar automáticamente los espacios en blanco. Con personas desconocidas, en cambio, no contamos con esa ventaja, por lo que el esfuerzo mental necesario para comprender la conversación es mayor.
Esto explica por qué muchas personas con dificultades auditivas suelen entender mejor a sus familiares o amigos cercanos que a alguien que acaban de conocer. Incluso cuando no escuchan perfectamente cada palabra, el cerebro utiliza la experiencia previa, el contexto de la conversación y los patrones de lenguaje habituales para anticipar lo que probablemente se está diciendo. Sin embargo, cuando la voz es desconocida, el acento es distinto o la forma de expresarse es diferente a la que estamos acostumbrados, esa capacidad de anticipación disminuye considerablemente. Como consecuencia, debemos concentrarnos más, lo que puede generar cansancio mental y la sensación de que escuchar conversaciones largas requiere cada vez más esfuerzo.
4. El ruido de fondo
Cuando nos encontramos en lugares con mucho ruido, música fuerte o un televisor encendido, la voz de nuestro interlocutor debe competir con todos esos sonidos.
Como resultado, el cerebro tiene que trabajar más para separar la "señal" del "ruido". Con el paso de los años, esta capacidad natural de filtrado puede volverse más lenta, haciendo que mantener la atención durante una conversación resulte más agotador.
En conclusión, comprender una conversación es un verdadero trabajo en equipo entre los oídos y el cerebro. Si últimamente siente que varias de las situaciones mencionadas le están ocurriendo con frecuencia, podría ser una señal de que su sistema auditivo está disminuyendo su rendimiento. Frente a estos casos, lo más recomendable sería realizar un chequeo auditivo lo antes posible. Detectar una pérdida auditiva de manera temprana permite iniciar un tratamiento oportuno y mejorar significativamente la calidad de vida.





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