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El "Síndrome del Sí, Sí": El arte invisible de ocultar que no escuchamos bien

hace 9 minutos
3 min de lectura

¿Te ha pasado que estás en un restaurante lleno de gente o en una reunión familiar, alguien al otro lado de la mesa te dice algo, pero el ruido ambiental impide que entiendas lo que dice? Y en lugar de pedirle que lo repita por tercera vez, haces lo que casi todos hemos hecho en algún momento: Sonreír, asentir con la cabeza y dices un convencido “Sí, sí”.


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Esta reacción tan común se describe popularmente como el "síndrome del sí, sí", una expresión informal que no corresponde a un diagnóstico clínico. Ocurre cuando una persona, consciente o inconscientemente, finge haber entendido una conversación para evitar la incomodidad de admitir que tiene dificultades auditivas.


Aunque parezca un hábito inofensivo para salir del paso, detrás de este comportamiento existe un fenómeno preocupante: la elaboración de estrategias de camuflaje para ocultar la pérdida de audición.


Estrategias de camuflaje auditivo:

Aceptar que nuestra capacidad auditiva ya no es la de antes no es fácil. El miedo al estigma social, a sentir que envejecemos o a parecer "torpes" en el trabajo nos lleva a desarrollar las siguientes tácticas de compensación:

  • La sonrisa y el asentimiento automático: Es el pilar del "síndrome del sí, sí". Consiste en responder con expresiones neutras que encajen en casi cualquier contexto ("sí, claro", "totalmente").

  • Lectura labial y visual: Quien empieza a perder audición suele enfocar su mirada fijamente en los labios del interlocutor, buscando pistas visuales para "rellenar" los huecos de las palabras que no logró captar.

  • Dominar la conversación: Algunas personas optan por hablar continuamente sin dar espacio a que los demás intervengan, ya que así evitan tener que escuchar tantas palabras.

  • Aislamiento estratégico: Para evitar situaciones bochornosas, es habitual que la persona comience a rechazar invitaciones a lugares ruidosos o se sitúe al extremo más silencioso de la mesa.


Pero el hecho de ocultar la dificultad auditiva trae consecuencias, ya que el cerebro humano está diseñado para procesar el sonido de forma fluida. Cuando la audición falla, el cerebro debe realizar un esfuerzo desproporcionado para descifrar el mensaje, lo que se traduce en fatiga cognitiva. Al final del día, la persona se siente mentalmente exhausta sin haber realizado un gran esfuerzo físico.


Además, este tipo de “camuflaje” suele llevar a:

  1. Aislamiento social: Ante la frustración de no poder seguir las conversaciones, la persona puede comenzar a reducir su participación en actividades sociales.

  2. Malentendidos: Responder "sí, sí" a una pregunta que requería un "no" o tomar decisiones equivocadas en el trabajo por no haber escuchado bien genera tensiones innecesarias con amigos, pareja o su entorno.

  3. Salud cognitiva: La pérdida auditiva se ha asociado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, aunque esta relación es compleja y no significa que todas las personas con dificultades auditivas desarrollen problemas cognitivos.


Si bien son compensaciones que nos ayudan a salir del paso, es importante saber que también es sano romper con el "síndrome del sí, sí". Pedir a alguien que repita lo que dijo o comunicar abiertamente que tenemos problemas para escuchar en entornos ruidosos no es una muestra de debilidad, sino de madurez e interés real por conectar con el otro.


Para eso es importante saber que, si estás pasando por esta situación, debes realizar un chequeo auditivo cuanto antes para así buscar la mejor solución. Dejar de fingir que escuchamos bien nos libera del estrés constante de adivinar el mundo y nos devuelve algo fundamental: la capacidad de participar plenamente en él.

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