Escuchar también es autonomía: cuando la pérdida auditiva comienza a limitar la vida diaria
- Daniela Juarez

- 22 may
- 3 min de lectura
Cuando pensamos en pérdida auditiva, muchas veces imaginamos únicamente dificultades para conversar o escuchar la televisión. Sin embargo, escuchar bien cumple un rol mucho más importante en la vida diaria: permite que las personas se mantengan independientes, seguras y conectadas con su entorno.
Gran parte de las Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD), es decir, aquellas tareas necesarias para desenvolverse de manera autónoma, dependen directamente de una buena comunicación. Actividades tan cotidianas como hacer compras, asistir a una consulta médica, responder una llamada telefónica, tomar transporte público o realizar trámites requieren escuchar y comprender información constantemente.
El problema es que, cuando aparece una pérdida auditiva, muchas de estas situaciones comienzan a generar ansiedad, inseguridad y frustración.
Por ejemplo, algo tan simple como ir al supermercado puede transformarse en una experiencia incómoda. No entender lo que pregunta el cajero, confundirse con el monto total de la compra o no escuchar si solicitan algún dato puede generar nerviosismo. Muchas personas intentan disimular que no escucharon, sonríen o responden “sí” sin estar completamente seguras de lo que se dijo, por miedo a pasar vergüenza o incomodar a otros.
Lo mismo puede ocurrir en una farmacia o en una consulta médica. Perder parte de las indicaciones del profesional de salud, no escuchar correctamente la dosis de un medicamento o confundir la fecha de un examen puede generar mucha inseguridad, especialmente en adultos mayores que necesitan sentirse tranquilos respecto a su salud. Incluso algunas personas evitan hacer preguntas porque sienten cansancio de pedir constantemente que repitan la información.
Otra situación muy frecuente ocurre con las llamadas telefónicas. Muchas personas con dificultades auditivas comienzan poco a poco a dejar de contestar el teléfono porque sienten miedo de no entender quién habla, confundir nombres, escuchar mal una dirección o no comprender lo que necesitan. En algunos casos, prefieren que un familiar responda por ellas o simplemente dejan pasar las llamadas, lo que puede terminar afectando su comunicación con amigos, familiares o incluso trámites importantes.
También es común que comiencen a evitar ciertas actividades sociales o situaciones donde existe mucho ruido ambiente. Ir al banco, pedir una hora médica, asistir a reuniones familiares o hacer un trámite en una oficina pública puede resultar agotador cuando se debe hacer un esfuerzo constante para intentar entender lo que otros dicen.
Y es que la pérdida auditiva no solo afecta el oído: también produce un desgaste mental importante. El cerebro trabaja continuamente intentando completar palabras, interpretar frases y adivinar conversaciones. Ese esfuerzo constante muchas veces termina generando cansancio, irritabilidad, estrés y sensación de frustración al final del día.
Con el tiempo, estas experiencias pueden impactar directamente la autoestima y la sensación de autonomía. Personas que antes realizaban todas sus actividades de manera independiente comienzan a depender más de otros, no porque no puedan hacerlo, sino porque sienten inseguridad frente a situaciones de comunicación.
Por eso, es importante comprender que escuchar bien no se trata únicamente de “oír más fuerte”. La audición está profundamente relacionada con la calidad de vida, la tranquilidad y la capacidad de mantenerse activo e independiente.
Detectar a tiempo las dificultades auditivas y buscar orientación profesional puede ayudar a prevenir que estas limitaciones sigan avanzando. Porque muchas veces, mejorar la audición también significa volver a sentirse seguro al responder una llamada, tranquilo al asistir a una consulta médica o confiado al desenvolverse solo en la vida diaria.
Escuchar también es autonomía.





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