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"Me cambió totalmente la vida", dice doña Ema por usar audífonos para sordera

Solemos adjudicar a nuestro periodo de juventud la etapa donde ocurren los "grandes cambios", pues pensamos -fundada o infundadamente- que el futuro nos traerá mayor estabilidad. Lo que solemos llamar como "nuevos comienzos" parecieran tener un límite de edad. Y aunque esto puede portar cierto peso racional, no quita la posibilidad de que tengamos un segundo, tercer, cuarto e incluso un quinto aire sea cual sea su número en la edad que sea en la que estemos.


Y es que también, ¿Qué es la vida sino un proceso continuo de cambio que nos pide adaptación? Esto, puede tener tintes filosóficos que nos hagan reír, pero es cierto. Como también es cierto que a medida que entramos en nuestro periodo de vejez llegan las enfermedades. Una muy frecuente es la pérdida de audición, la que muchas veces impide la comunicación con la gente que nos acompaña en nuestro diario vivir. Nietos, hijos ya mayores, amigos, etc., con quienes, por esta condición de salud, ya no podemos compartir porque no escuchamos lo que dicen.


"Es como vivir en un constante silencio", dice Ema Ruz Cáceres de 83 años, vecina de Villa Alemana en la región de Valparaíso y quien sufrió de hipoacusia (pérdida auditiva) durante años, hasta que acudió al centro auditivo de IRV en la ciudad puerto para sanar su situación por medio de audífonos para sordera.


Hoy, en esta entrevista que le hicimos a doña Ema, conocerás de primera mano cómo una persona, sin importar su edad, puede experimentar un proceso de renacimiento o de inclusión gracias al apoyo familiar y a un correcto tratamiento.



UN MUNDO DE SILENCIO Y "VERGUENZA"


Para doña Ema experimentar la pérdida auditiva fue algo progresivo. Ella explica: "Resulta que empecé a quedar así, como que empecé a escuchar muy lento muy bajo. Salíamos a comer o a eventos y no escuchaba nada. Me daba un poco de vergüenza porque tenía que preguntar ´Qué dijeron´. Y nadie me explicaba".


Sin duda alguna, se trata de una situación frustrante, no solo para ella sino para su entorno familiar, pues sabemos que la convivencia con una persona que tiene sordera es difícil. Sobre este asunto escribimos una nota hace un tiempo que puede ser de utilidad.


En fin, afortunadamente, doña Ema contó con el apoyo de su hija menor, quien, a través de Facebook logró dar con el IRV en Valparaíso.


"Fuimos a Valparaíso. Me atendieron pero muy bien. Me sentí cómoda desde el primer momento que entré ahí. La chica igual, el médico….Me sentí como si hubiese ido muchas veces. Me examinaron y me pusieron los audífonos y me emocioné la verdad. Me emocioné porque me pusieron esto y al momento escuché todo", recuerda Ema de la primera vez que acudió a realizarse un chequeo auditivo.


La hipoacusia llegó a la vida de Ema hace poco más de 6 años y se tradujo en complicaciones diarias. "Me retiraba, me iba para otro lado, me daba cosa que iban a decir que no escuchaba yo. Entonces, como le he dicho, esto me cambió la vida y ahora escucho. Me gusta escuchar música, me gusta cantar. Lo pasó bien".

Yo vivía en un silencio, entonces cuando me colocaron los audífonos empecé a escuchar de todos lados y todo era perfecto. Eso me emocionó un poco. Yo me retiraba porque no escuchaba; me iban a preguntar algo y no sabía qué decir. Ahora no, ahora me tienen que hacer callar (ríe)".

Actualmente, ella usa 1 solo audífono para sordera de IRV, el que le ha permitido reconvertirse socialmente "porque yo salgo, comparto, e incluso le doy recomendaciones a demás amigos, gente de la tercera edad igual, que tienen vergüenza, que no. No, le digo yo. Es lo más cómodo para uno. Yo uso el pelo largo y no se notan", expresa.



LA FAMILIA: UN COMPONENTE ESENCIAL


Este tema fue muy difícil de llevar dentro de la familia de doña Ema. Ocurrió lo que suele pasar en casos de hipoacusia y convivencia: el problema con el volumen de la tele o la radio. Clásico a estas alturas, pero no por eso una situación menos molesta.


Doña Ema admite que "Yo ahora pongo la tele y la radio a un volumen normal, pero antes no; la tele la ponía al nivel 50 y me reclamaban ´mamá, tanto que la sube´. Me decían que la bajara y que cómo la tenía tan alta. Y ahora no, la pongo normal, me vengo a mi pieza. Escucho la radio igual normal. Como le digo: me siento muy bien yo".

Antes escuchaba bajito, pero ahora no, esas son las palabras de Ema, quien es enfática en lo cómodo que es el audífono para sordera: "Me están hablando de afuera del comedor y yo estoy en el dormitorio y alcanzo a escuchar. Es muy cómodo, para mí al menos, y me cambió totalmente la vida".


Doña Ema no solo contó con la posibilidad de hacerse un chequeo auditivo gratis y de audífonos para sordera a precios accesibles, sino que también, con el incondicional apoyo de su familia, de su esposo, hijos y "todos", señala.


Aquí hay que realizar una mención especial a su esposo, quien la acompañó siempre a hacer trámites, una tarea que hubiera sido muy engorrosa sin su ayuda, aunque, Ema dice que "ahora no, salgo sola, voy a comprar, voy al banco, todo perfecto.


Si aún no sabes que puedes reservar un chequeo auditivo son costo alguno para ti o para tu papá, mamá, abuelo, abuela, tío o tía, te informaos que nuestros centros auditivos en Providencia y Valparaíso están operando con normalidad y puedes reservar aquí.



ES LA SOLUCIÓN MÁS CÓMODA


Hay un momento que marcó la vida de doña Ema y es cuando se puso el audífono para sordera durante el chequeo auditivo en el IRV. Ella recuerda que estaba un "poquito nerviosa" y que cuando le colocaron la prótesis auditiva "me emocioné mucho y escuché la voz de las niñas y todo era como…no sé cómo explicarle. Yo vivía en un silencio, entonces cuando me colocaron los audífonos empecé a escuchar de todos lados y todo era perfecto. Eso me emocionó un poco. Yo me retiraba porque no escuchaba; me iban a preguntar algo y no sabía qué decir. Ahora no, ahora me tienen que hacer callar (ríe)".


"Siempre me estoy acercando, cualquier problema que tengo voy allá donde la chica y me atienden súper bien y todo está bien", dice Ema. Y es aun más, ella le recomienda a la gente con pérdida auditiva que se acerquen al IRV: "Igual que ahora yo aconsejo a las personas de que vayan, pero me dicen que no, que ´cómo voy a andar con esa cosa en los oídos, que incomoda´, no para nada, les digo yo. Yo ando todo el día con ellos, veo las comedias y cuando me voy a acostar ahí me lo saco".


Así es pues, que ya sabes que los audífonos no son incómodos y que como doña Ema expresa: te van a cambiar la vida. Ema, además, manda un mensaje final a todo el equipo de IRV que la atendió en el centro auditivo de Valparaíso: "Quiero darle las gracias a todos ustedes por su atención y lo que hicieron por mí", finaliza.

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