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Marta Sánchez tras conseguir audífonos IRV: "Me siento más integrada, más incluida"

Marta Sánchez tiene 90 años y es una porteña de tomo y lomo. Toda su vida ha vivido en el cerro Florida en Valparaíso. Ha visto cómo se ha transformado la ciudad puerto y también cómo ha ido cambiando su vida: actualmente tiene hasta bisnietos y, según ella cuenta, tiene una familia muy unida, que está siempre pendiente de su salud y de acompañarla.


A pesar de lo que se suele decir de los adultos mayores, doña Marta es completamente activa en su día a día. Por las mañanas hace labores de dueña de casa, prende la radio, porque así se siente acompañada y durante las tardes lee el diario. Sin embargo, estas no son todas las actividades de su lista, porque ella cuenta que:


- Tengo un grupo en el que juego canasta toda la semana. Estoy en una sociedad que pertenece a la municipalidad para el adulto mayor, también voy toda la semana en la tarde. Con ellos vamos a paseos y viajamos. Me mantengo activa, pero yo he echado de menos porque todo este año con la pandemia no hemos podido salir.

Marta Sánchez con sus bisnietos.


Doña Marta añade que hace aproximadamente un mes comenzó a ir a la mencionada sociedad, debido a que ya se encuentran vacunadas y el recinto, que está ubicado por calle Colón en la comuna porteña, es sanitizado constantemente. Por lo pronto también espera volver a jugar canasta y también realizar sus anheladas onces con amigas donde conversan y llevan a cabo partidas de lota.


PARA UNA VIDA ACTIVA NECESITABA AUDÍFONOS


Hace varios años que doña Marta no escuchaba. Empezó con pérdida en su oído derecho y a raíz de esta situación asistió al Cesfam El Litre, ubicado en el cerro homónimo, donde recibió un audífono. Sin embargo, un tiempo después, la hipoacusia se extendió a su lado izquierdo. Entonces necesitó ayuda nuevamente y ahí aparecieron los centros auditivos del IRV, ONG que le facilitó los audífonos que actualmente emplea en ambos oídos.


La usuaria IRV recuerda que su principal sensación cuando no escuchaba correctamente era de aislamiento. Doña Marta lo explica como:


- Se siente raro uno porque uno no participa. Se siente aislada cuando está en familia y nosotros que somos una familia grande y nos reunimos seguido...Entonces es triste porque no podía participar, me quedaba callada nomás, no escuchaba. Claro que de un oído escucho menos que del otro. Pero ahora gracias a Dios escucho bien.

Las consecuencias no se limitaban solo a su ámbito hogareño sino que también en sus actividades de ocio, como por ejemplo, en el club del adulto mayor. Durante ese tiempo se veía afectada, aunque solo fuera un oído el que presentaba hipoacusia. El tema se le complicó cuando llegó la pandemia porque ahí no se pudo seguir atendiendo. En ese momento acudió al IRV.


Aunque el tema era difícil de sobrellevar, doña Marta intentaba comunicarse. Ella cuenta que no se veía en la obligación de hablar a un volumen más fuerte:

- No, porque en general yo no hablo fuerte, pero para escuchar sí. Cuando no entendía lo que decían me quedaba callada nomás. Pero nunca reclamé que hablaran fuerte o que yo no escuchara. Me daba pena más que nada, porque me gusta participar con mis hijos, nietos y bisnietos. Entonces somos una familia unida. Así que eso nomás, me quedaba callada.


Afortunadamente, doña Marta no estaba sola para enfrentar esto, pues tal y como se dijo, contaba con la ayuda y apoyo de su familia. Ella tiene una hija (Verónica -quien también cooperó en esta entrevista-), que vive al lado de su casa. También uno que vive en Punta Arenas, otro en La Serena y un último que se encuentra al frente de su casa. Ella enfatiza en que: "mis hijos son todos muy apegados a mí, muy aprehensivos, pasan encima. Mis nietos son peores. Yo tengo suerte por soy bien querida por mis bisnietos, nietos, por todos".


VOLVIENDO A ESCUCHAR GRACIAS AL IRV


"Mire, cuando salí de la clínica (ONG IRV) escuchaba tan fuerte, sobre todo, el ruido de las micros en la calle, era espantoso el ruido. Cuando salí yo le dije a mi hija: ´¡Oh, que escucho fuerte!´. Este fue el comienzo de volver a escuchar de Doña Marta, un poco estruendoso, pero es que así son algunas calles de Valparaíso. Ella lo cuenta con humor, enfatizando en que el cambio en su sentido de audición fue notorio.

De todas formas, al siguiente control en el IRV ella le explicó su situación a la fonoaudióloga y: "me reguló los audífonos y le enseñó a mi hija cómo yo tenía que hacerlo cuando yo tenía que estar en la calle o en casa. Así que en la casa, mis hijos, todos saben cómo regularme el audífono, yo no meto mano", cuenta ella.


Lo que más echaba de menos escuchar era música, específicamente en su radio, la que antes de recuperar su audición ponía a un alto volumen para percibir. En su opinión, los centros auditivos del IRV la ayudaron "un montón", donde ella destaca la atención del personal de salud:


- Sí, me ayudaron un montón, porque son muy atentas, muy amables, porque yo les preguntaba y mi hija igual, siempre nos correspondían con buena voluntad. Y me atendieron muy bien y las veces que me tocó control también yo le hacía preguntas porque yo quería estar segura de los audífonos. Siempre me atendieron muy bien.

Luego de ser atendida por un médico que le recetó los audífonos, le enseñaron cómo usarlos y ajustarlos, no solo a ella sino que también a su hija Verónica, quien es la que la acompañó a la mayoría de los controles posteriores a la adquisición del elemento fonoaudiológico, esto para verificar y dejar en óptimas condiciones, como las de ecualización, el aparato en relación con el usuario.


Actualmente, su rutina ha cambiado radicalmente gracias a los audífonos y el tratamiento de los centros auditivos del IRV. Ahora no necesita poner su radio a un alto volumen y puede conversar fácilmente, instancia que anteriormente le generaba gran conflicto, pues: "Lo que más a uno le duele es que no escuchaba y tenía que estar preguntando: “¿Qué me dijiste?”. Es molesto, porque resulta que uno nota cuando la gente se molesta que uno no la escuche. Y no es porque uno no quiera escucharla, es porque no se puede. Entonces eso, una vez que tuve los audífonos me hizo sentir mejor. Me siento más integrada, más incluida", concluye doña Marta rememorando algunos episodios en los que se sintió frustrada por no poder participar efectivamente del diálogo.


Con todo, ella realiza la invitación para que quienes lo necesiten se acerquen a realizarse un chequeo auditivo en el IRV, pues recomienda totalmente el servicio:


- De todas maneras, y ya la hemos recomendado, porque incluso a una vecina ya la llevaron a comprarle audífonos ahí. Porque como le digo me atendieron súper bien, incluso me mandaron a hacer un lavado de oídos que también lo hice, porque ellos dijeron que era necesario para que así los audífonos me funcionaran bien. Todo muy ordenado y limpiecito. No había que esperar tanto. Yo estoy bien contenta de haber ido ahí. Tengo que ir el próximo año a control.


Finalmente, tanto Marta como su hija, Verónica, (que estuvo cerca del teléfono mientras se realizaba la entrevista), concuerdan en que los centros auditivos tienen una muy buena puntualidad de horarios y que no cancelan las citas o las reprograman.

 

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