• Gianfranco Arancibia Raggio

La necesidad de mayor inclusión en la educación media y técnico profesional.


En los últimos años, el avance en torno a favorecer el acceso al empleo para personas con discapacidad es una realidad innegable. Primeramente, a mediados de la década anterior se implementaron importantes recursos tanto para la capacitación, como para el empleo de las personas con discapacidad mediante programas como “Más Capaz”, los cuales, si bien presentaron numerosas falencias por la falta de incentivos suficientes en la intermediación laboral, sí fue un avance como política pública para evidenciar que las personas con discapacidad podían lograr competencias para el mundo laboral. Posteriormente, la ley de cuotas vino a consolidar y cerrar la década con acciones concretas y afirmativas para crear oportunidades de trabajo para ellos y ellas.

Está ampliamente estudiado que el éxito de las personas en el mercado del trabajo está relacionado con las competencias de entrada, y en particular, las habilidades y actitudes críticas que los trabajadores y trabajadoras puedan manejar en estos contextos. En el caso de las personas con discapacidad, la falta de oportunidades y las dificultades que el entorno educativo les plantea (o planteó) en múltiples aspectos (infraestructura, currículum, clima escolar, entre otros), suman aún mayores barreras para que los jóvenes y adultos con discapacidad puedan acceder al mercado del trabajo. Por esto, es fundamental centrar mi explicación en la importancia de la educación secundaria, y en especial, la educación técnico profesional, para favorecer la inclusión laboral de los futuros adultos con discapacidad.

Primeramente, la educación secundaria es una etapa que mezcla no solo la preparación de habilidades claves para enfrentar la vida adulta. Las relaciones humanas que se construyen se mezclan con elementos propios de la adolescencia y formación de identidad claves para su desarrollo futuro. Por esto, la importancia del respeto por la diversidad por parte de la comunidad educativa toma un rol relevante en la inclusión de las personas con discapacidad en este nivel educativo.

¿Hay margen para más inclusión en la educación secundaria? ¡Sin duda! Los avances en acceso educativo de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad han sido extremadamente exitosos en Chile. Según datos de la ENDISC II (INE, 2015), más del 96% de la población entre 4 y 17 años asiste a un establecimiento educacional. De hecho, no existen diferencias si lo comparamos en la población general. Sin embargo, en la transición de la educación primaria a la secundaria, vemos que prácticamente la cifra de participación de las personas con discapacidad se reduce a menos de la mitad, yéndose un porcentaje importante de la población adolescente con discapacidad hacia modalidades de educación especial. Esto puede ser un indicador relevante de que el sistema secundario de enseñanza no está ejecutando las adecuaciones para acoger a esta población al interior de las comunidades educativas. No olvidemos que, conforme al artículo Nº 24 de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad, el Estado no sólo debe reconocer el derecho a la educación, sino que también asegurar un sistema de educación inclusivo en todos los niveles.


Ahora, de las personas que asisten al sistema de educación secundaria, un elemento preocupante corresponde a los altos niveles ausentismo entre las personas con discapacidad. De hecho, se estima que una persona con discapacidad asiste sólo a 1 de cada 2 días de enseñanza a clases. Si lo extrapolamos a esta pandemia de COVID-19, se observa con preocupación que las personas con discapacidad puedan contar no sólo con altos niveles de ausentismo, sino que derechamente no se les considere para el retorno a la escuela. Por esto, Los organismos gubernamentales, las organizaciones de la Sociedad civil y los colectivos de personas con discapacidad deberán prestar especial atención a la situación de los adolescentes con discapacidades en estos nuevos escenarios de retorno a clases.

La educación técnico profesional cumple un rol muy relevante para el desarrollo de competencias para el mundo del trabajo en los jóvenes. Sabemos que ellos presentan grandes dificultades para el acceso a un mercado del trabajo, a estas alturas, muy dañado por la Pandemia. Por lo anterior, es importante que los estados presten especial atención, respecto de las oportunidades que esta modalidad de enseñanza puede generar para la inclusión social de las personas con discapacidad. Para esto, es clave que se genere una concientización sobre los equipos docentes, directivos y de apoyo en el nivel educativo secundario, dotándolos de herramientas no sólo en acceso al currículum. Es igualmente importante considerarlos en los planes educativos de actividad física, convivencia, educación sexual y clima escolar, a fin de asegurar un acceso sin discriminación y que dote a estos adolescentes de herramientas que les permita enfrentar los desafíos futuros con la mayor autonomía posible y con oportunidades para un adecuado transito para la vida independiente.

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